El muchacho de gorra gris
El muchacho de
gorra gris
y ojos de aire
está lleno de
adioses
y silencio
sus ojos de mirada
vacía miran al río
y a los barcos
a veces
otras
se pierden en su
interior
a espaldas de
los ruidos de la calle
y los caminantes
obsesivos de la ribera
carga en la
espalda la mochila azul
liviana de objetos
y alimentos
innecesarios
para el muchacho
que decidió
vivir mirando adentro
sus pies asoman
grises
incisivamente
grises
entre las
sandalias negras
en una de mis
visitas al arce blanco
y los palos
borrrachos
del planetario
le preguntaré si
me permite habitar
su silencio y
sus adioses
no sé si los compartirá
conmigo
sí sé que el
perro negro de manchas blancas
los conoce
los respeta
los celebra
El muchacho de gorra gris (II)
hoy vi al
muchacho de gorra gris
y ojos de aire
solo
en una esquina
cercana al río
mirando sus
manos
cubiertas de
guantes sin dedos
más taciturno
más arraigado a
su silencio
con la misma
camisa a cuadros
las idénticas
sandalias negras
pero sin la
compañía del perro
de manchas
blancas
tuve la
intención de acercarme
para preguntarle
por su íntimo silencio
pero no lo
inmutó mi cercanía
entonces
me retiré
lentamente
por temor a que se sintiera molesto
y lo dejé solo
con su gorra
gris
la camisa a
cuadros
sin perro negro
de manchas blancas
entendí
por fin
que con su
adentro es suficiente
no le interesa
comunicarse
con los intrincados
mundos del afuera
El muchacho de la gorra gris (III)
volví a
pasar por el río
muchas tardes
miré la
ribera donde el muchacho de gorra gris
y ojos de
aire
sentaba su
soledad
miré la
esquina donde nos encontramos
qué habrá
sido de él
y
la gorra
gris
la camisa a
cuadros
la mochila
azul
las
sandalias negras
los guantes
sin dedos
el perro de
manchas blancas
nunca más
lo vi
qué habrá
sido de esos ojos tristes
de mirada
hacia adentro
quiero
pensar
que está
bien en su camino
hacia el
lugar
que no es
el río ni la esquina
ni el
bullicio del mundo
que él
decidió no habitar
definitivamente
