viernes, 9 de marzo de 2018


El muchacho de gorra gris


El muchacho de gorra gris

y ojos de aire

está lleno de adioses

y silencio

sus ojos de mirada vacía miran al río

y a los barcos

a veces



otras

se pierden en su interior

a espaldas de los ruidos de la calle

y los caminantes obsesivos de la ribera



carga en la espalda la mochila azul

liviana de objetos y alimentos

innecesarios

para el muchacho

que decidió vivir mirando adentro





sus pies asoman grises

incisivamente grises

entre las sandalias negras



en una de mis visitas al arce blanco

y los palos borrrachos

del planetario

le preguntaré si me permite habitar

su silencio y sus adioses



no sé si los compartirá conmigo

sí sé que el perro negro de manchas blancas

los conoce

                  los respeta

                                   los celebra


 El muchacho de gorra gris (II)

hoy vi al muchacho de gorra gris

y ojos de aire

solo

en una esquina cercana al río

mirando sus manos

cubiertas de guantes sin dedos

más taciturno

más arraigado a su silencio

con la misma camisa a cuadros

las idénticas sandalias negras

pero sin la compañía del perro

de manchas blancas



tuve la intención de acercarme

para preguntarle por su  íntimo silencio

pero no lo inmutó mi cercanía

entonces

me retiré lentamente

por  temor a que se sintiera molesto

y lo dejé solo

con su gorra gris

la camisa a cuadros

sin perro negro de manchas blancas



entendí

por fin

que con su adentro es suficiente

no le interesa comunicarse

con los intrincados mundos del afuera



El muchacho de la gorra gris (III)

volví a pasar  por el río

muchas tardes

miré la ribera donde el muchacho de gorra gris

y ojos de aire

sentaba su soledad

miré la esquina donde nos encontramos



qué habrá sido de él

y

la gorra gris

la camisa a cuadros

la mochila azul

las sandalias negras

los guantes sin dedos

el perro de manchas blancas



nunca más lo vi



qué habrá sido de esos ojos tristes

de mirada hacia adentro



quiero pensar

que está bien en su  camino

hacia el lugar

que no es el río ni la esquina

ni el bullicio del  mundo

que él decidió no habitar

definitivamente

















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